P(arámetro)s 2
La Transferencia de Prosperidad

Siempre hemos afirmado que somos prósperos, o por lo menos que podemos acceder a la prosperidad, mas si al hacerlo buscamos solo el beneficio propio, estamos violando una ley de prosperidad; nunca seremos prósperos y felices si no involucramos a los demás en ello.

 Cuando hacemos un trabajo, debemos pensar que estamos promoviendo prosperidad, que somos canales o eslabones de la creación, que de alguna forma estamos canalizando la prosperidad para nosotros... y también para otros.

La naturaleza nos muestra infinitas formas de cómo la prosperidad funciona en una cadena interminable de transferencia. Por ejemplo la jirafa; tiene el cuello largo para comer los brotes tiernos del árbol, si no fuese por el alto animal, el árbol crecería demasiado rápido y no engrosaría su tronco. No podría expandir las raíces para sustentar todo su peso. 

La Jirafa es próspera comiendo de los tiernos brotes del árbol, y éste es próspero al engrosar sus ramas debido a la poda, gracias a este procedimiento producirá más y mejores frutos y a su vez brindará más sombra y protección a quienes se cobijen bajo su follaje. Podríamos escribir una página o más siguiendo esta cadena: las aves que anidan o descansan en las ramas, los que comen de sus frutos transportando  las semillas a otros lares, la jirafa que abona la tierra con sus desechos, los insectos que… etc.etc.


Solo el hombre con su libre albedrío ha optado por pretender poseer la prosperidad para sí y no permitir su transferencia; aunque inadvertidamente él estará transfiriendo de alguna manera algo de ella no lo hace conscientemente.

Esta transferencia debe ser un proceso consciente, de lo contrario estará  también estancando su acceso a la prosperidad. Un hombre próspero es aquel que permite que sus riquezas; ya sean estas tangibles o no, sean traspasadas a los demás. Los grandes o pequeños inventos no tendrían razón de ser si sus descubridores se quedaran con ellos y no los trapazasen a la humanidad.

La prosperidad es inherente a la creación, es Dios en acción y su transferencia es continua y así será eternamente.  Es interminable la cadena de beneficios que la prosperidad brinda en la naturaleza.  La prosperidad es fluir, fluir y al final también... fluir. 

He aquí un nuevo parámetro a romper, dejemos de pensar que la prosperidad es solo algo que llega a nosotros y se queda en nosotros. Expandamos nuestra prosperidad hasta romper la limitante de creer que somos receptáculos de abundancia y convirtámonos en canales de ella; dando, recibiendo y transfiriendo conscientemente al universo la substancia que no nos pertenece... porque en realidad somos ella misma. 

Miguel Corales.