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Un Nuevo Cielo una Nueva Tierra

Un nuevo cielo una nueva tierra, ¿qué es, por qué lo esperamos? ¿Es acaso la manifestación total del amor en la humanidad?
Es posible que eso sea lo que todos esperamos, ¿pero qué es el amor? ¿Cómo explicar la fuerza del amor y el poder que ejerce en toda la creación? Mi intención no es preguntarme de donde proviene o qué es, pues a todas luces es Dios. Podría decir que el amor es un poder de cohesión, de entrega, de recibir; y como lo maneja el hombre es un deseo de aglutinar, de convertir egoístamente en algo propio lo que vemos o sentimos separadamente.

Muchas veces me pregunté: por qué se manifiesta constantemente, y en todo. Por qué ese deseo de amar,  que,  aunque la mayoría de la veces es tergiversado hacia el querer,  también viene siendo válido pues nos deja saber que algo más debemos poseer, que queremos tener, que queremos como una manera de extender nuestro “yo” a lo mío,  a todo lo que nos rodea y así confinarlo en un “yo” más grande. Es un yo egoísta y hambriento que se sabe disminuido comparado al verdadero deseo que innatamente buscamos manifestar. Es un yo insatisfecho que siempre estará compitiendo para identificarse afuera y tener así algún valor, aunque este sea prestado y efímero.

Podremos romper un imán en mil pedazos (de hecho esta formado por millones de partículas que se atren entre sí), y el poder de cohesión en ellos buscará reunirles nuevamente, no importa cuanto esfuerzo pongamos en separarles, no cesarán en su intento hasta lograr su estado de unión original y natural.

De estar en lo cierto, el poder de cohesión del amor radica entonces en ese sentimiento de sensación de separación en el que vivimos, en la separación virtual de los pedazos de imán,( ya que siempre están unidos por una fuerza invisible) en esa creencia de que Dios está en algún lugar distante aunque afirmemos que está en nosotros; si, lo afirmamos pero desde que perdimos el Edén no hemos podido sanar esa herida, y en nuestras ansias de recuperar el verdadero estado de consciencia, en el que somos uno con nuestro Padre, insistimos en buscar por medio del egoísta querer la unidad perdida en nuestra conciencia. 
Desesperadamente nos aferramos,  además de a nuestros congéneres, a todo: a una mascota, a una casa, a un automóvil,  a esta vida que tememos perder ante la muerte.
 El pensar en separarnos de algo nos llena de temores, nos aterra pensar que podemos perder lo que decimos amar o poseemos, quizás porque eso es como dar un paso más en el mundo de separación que hemos creado; mundo al que pretendemos arreglar juntando los pedazos allá fuera, haciéndolos nuestros en una forma temerosa y egoísta como única manera de realizarnos en la unión que en conciencia perdimos.

Las personas o cosas que queremos y amamos son como un aditamento con el que pretendemos llenar el abismo de separación en nuestra consciencia, y es algo que no tardamos mucho tiempo en descubrir: que la mayoría son efímeros, y no llenan ese vacío, y así por siempre estaremos atesorando con temor a perder todo lo obtenido: a la pareja, automóviles, ropa, casas etc. a no ser que realicemos que en el Amor-Dios no hay separación, nada se pierde, nada estuvo separado, jamás.

   Es hora de que entendamos que el poder de cohesión del amor es el deseo innato de vivir, pensar y manifestar la consciencia de unidad, que no hay separación en la creación, que Dios Es, y que la única manera de realizar esto es amándole, sin duda alguna, y por ende a nosotros mismos, y (“Un nuevo mandamiento os doy”) en ese momento el poder de cohesión del amor nos dará la llave de la felicidad y podremos vivir sin recuerdos de un mundo egoísta que pensó que en el poseer estaba la solución a todo. 
Esto es lo que anhelamos y esperamos, esto lo que todos buscamos. Podemos decir que en este decenio nos encontramos a la puerta del “Nuevo Cielo y la Nueva Tierra”, lugar o estado de consciencia donde no habrá cabida al egoísmo porque habremos realizado que el imán nunca se rompió, que la Unidad Dios, Es, y ha sido siempre. Seremos peces en el Agua sin buscar agua propia donde vivir, amando sin temor a perder. Estamos a sus puertas, de nosotros depende vivir en “Un Nuevo Cielo, una Nueva Tierra”
 
Ministro Miguel Corales
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