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Trascender.

El mundo de nunca jamás, eternamente siempre.

Vivir una experiencia trascendental es maravilloso. Todos en algún momento de la vida lo hemos hecho, quizás no nos dimos cuenta, o no la realizamos como tal. Recuerdo hace unos 30 años, en mi primera visita a Disney World, cuando aun era un niño (en ese momento lo descubrí) viví una experiencia trascendental inolvidable, a pesar de mi edad, pude integrarme a la fantasía que se me presentaba. No intenté analizar los trucos o artimañas que se usaban para crear la fantasía, solo las viví a plenitud. Transcendí... sí, lo hice, me permití no solo ser un niño sino que me integré al todo; viviendo una alegría que no provenía de lo que veía, sino que se producía en el corazón al sentirme unificado con el sueño.

Por motivos que se nos antojan, o que no son nuestra responsabilidad, perdemos la fantasía... el paraíso terrenal, y nos ubicamos en un estrecho pedazo de conciencia-tierra, con fronteras y demarcaciones nacidas todas ellas en un limitado intelecto manejado por el ego. Decidimos analizar el cómo y el por qué de las cosas, nos mudamos a un sitial separado para desde allí ver lo que nos rodeaba. Perdimos entonces la conciencia de unidad y la reemplazamos por una de separación, o lo que es peor aun de muchas separaciones.

Recobrar ese paraíso no es una labor colectiva, es absolutamente personal. El esperar que las cosas cambien, que la humanidad cambie, para así ser arrastrado por una corriente de salvación sin hacer el trabajo —no es el camino.


Debemos, y podemos trascender si así lo deseamos, a dónde, se preguntaran. ¿A Disney World? Pues en cierta forma sí. Trascender al mundo mágico de la conciencia de unidad.
Trascender es borrar, eliminar limitantes, dejar que las cosas vayan a su estado natural, es derrumbar demarcaciones impuestas por el ego y que no nos permiten avanzar por donde nos es natural.

Vivimos atados a mitos que se pierden en la obscuridad del tiempo, mas también junto a ellos se  encuentra ese deseo de trascender gritando por manifestarse, de integrarse al Todo sin condición, Estos mismos mitos son herramientas magnificas que al ser reconocidas, como la “piedra roseta”, nos pueden ayudar a manifestarnos como Unidad. El hacer como que escuchamos, como que sabemos, sin hacer conciencia de ello no es la mejor forma de trascender.
Repetimos constantemente: “soy uno con Dios” mas no lo es en lo medular, ya que continuamos mirando al vecino que nos tira basura como un enemigo. Nos vemos a nosotros mismos internamente como enemigos, librando luchas intestinas entre ego y estados de conciencia, entre el Cristo y el hombre, entre lo que somos, y/o, las mascaras que usamos para existir.

 Pretendemos ser un ego autónomo, poderoso, pero solo cumplimos funciones empíricas, no comparables a las millones que por principio divino se suceden en nuestro cuerpo: multiplicación y renovación celular, digestión, creación de anticuerpos, etc. etc. etc. por nombrar solo una millonésima parte del complicado... pero simple proceso. Jesús dijo:“Yo de mi nada puedo; el Padre que en mi mora es quien hace la obra”. En realidad ni el ego, ni el inconsciente, ni el hombre son autónomos, y no pueden serlo. No lo son porque son uno con Todo, con el Universo, Dios.
No existe “una unidad” como descripción del Todo ya que esta tendría como contraposición a otra unidad, solo existe  Unidad, el Todo, Dios, que no está afuera, que no envuelve por afuera, no permea ni dese afuera ni desde adentro, solo Es... Todo.

La meta seria entonces  trascender a la conciencia de Unidad, la cual es presente ahora. Pero... no podemos buscar el llegar al ahora, por que ya és, no es un futuro, no es un pasado, es una constante que abarca todo radicalmente. No hay un camino hacia alguna parte, o en el tiempo, mas si hay manifestaciones y comportamientos que pueden expresan esa conciencia, no es un estado futuro de Unidad, ya que de ser así tendría un principio. “Yo soy el Alfa y el Omega”; es decir principio y fin que al unirse conforman un círculo eterno, infinito. No hay principio y no hay fin en la consciencia de Unidad, es presente continuo y perenne.

 Se trata de trascender, de dar el paso a lo que ya se és, practicar la conciencia de Unidad, vivir en ella, mejor dicho vivirla, porque si vivimos en ella estaríamos siendo contenidos por ella. Darnos la oportunidad de ser lo que siempre hemos sido: Unidad en consciencia... El Todo. Solo Dios.

Ministro Miguel Corales
Unity Latinoamericano
 Cristianismo Progresivo
Una Proyección de Vida en el Espíritu