Madurar una idea, ahondar en un concepto, es algo que muchas veces no hacemos, nos conformamos con la simple vista de lo que a priori se nos muestra; ver un poco más allá de lo obvio es una tarea a la que no nos abocamos con frecuencia. Una de ellas, y en la que regularmente no caemos en cuenta podría ser en lo que hacemos por otros. Creemos que estamos ayudando a nuestro prójimo, mas sin saberlo, también lo estamos haciendo por nosotros mismos. Estamos llenando un vacio, una carencia que atribuímos a segundas o terceras personas.

Cada vez lo compruebo más, y me lo repito: proyectamos nuestras necesidades. Cada vez que hacemos algo por los demás lo que hacemos es vivir la vida de todos en nosotros. Cuando pretendemos enseñar estamos aprendiendo, cuando afanosamente queremos salvar al mundo nos estamos salvando a nosotros mismos, cuando trabajamos arduamente por la salvación o sublevación de las almas —aunque no lo pensemos— estamos incluyendo la nuestra, es más, lo hacemos porque la prioridad reside en nuestra propia alma pero no hacemos conciencia de ello, solo nos ponemos la camiseta de redentores y salimos a redimir a quien se nos atraviese. 

Esto no es malo ni negativo, todo lo contrario, solo muestra que no hay separación en el universo, que todo lo que hacemos aparentemente por los demás, lo estamos haciendo por nosotros. Todos queremos surgir, progresar y cuando lo hacemos estamos arrastrando a la humanidad con nosotros, de ahí que es muy importante que todo lo que hagamos sea en el bien, porque aunque no lo sepamos también estaríamos llevando a otros; si nuestras intenciones no son las mejores.

Cuando hacemos algo por alguien, cuando nace la necesidad de ayudar a otros, hagamos un alto en el camino y entendamos que ese deseo de hacer lo que sea por otros es una necesidad propia de crecer, de alimentar ese vacío en nosotros mismos. Las necesidades que vemos en los demás son, sin lugar a dudas, carencias escondidas que no han despertado conscientemente a nuestra existencia, mas el Padre en su sabiduría nos las expone como en un espejo en la vida de otros. Comenzamos a ver “la pajas en el ojo ajenos y no nos damos cuenta que es una proyección de la viga que tenemos en el nuestro”.Trabajando Para el Universo

Detente un momento a pensar: ¿porqué te es necesario ayudar a cierto tipo de personas?, ¿en un cierto tipo de casos? ¿Por qué eres vulnerable a un tipo específico de carencia? ¿Te sientes culpable si no ayudas?
Si lo tienes en ti lo verás en otros. Hay una eterna asociación actuando en toda la creación. Todo está concatenado y somos un eslabón indispensable de la gran cadena. Nuestro crecimiento se encuentra asido a la interrelación y simbiosis eterna en la somos uno con nuestro Creador; no es posible la separación ni de Él ni de nada. Trabajar por y para el universo en forma consciente nos garantiza una vida intensa, plena de satisfacciones, de abundancia y un rápido acercamiento a la perfección con que fuimos creados. Trabajar para el universo... es trabajar para nosotros mismos.

Si vemos una paja en el ojo ajeno, entendamos que nuestro afán de sacarla o criticarla es solo la necesidad de hacerla desaparecer de nuestro propio ojo.
No es que dejemos de actuar, de ayudar, de arreglarles el camino a los demás, sino que estemos conscientes de que el trabajo que estamos haciendo es por nuestro propio crecimiento. Quizás algún tiempo dejaremos entonces de decir: yo hice esto por aquel y realizaremos que lo hicimos porque lo necesitábamos, porque deseábamos crecer en nosotros mismos y diremos: hemos trabajado por y con el universo. 

Miguel Corales
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