Ser como niños.
P(arámetro)S


En la medida que avanzamos en edad y crecimiento creo que nos limitamos en felicidad, si, y estoy hablando de esa felicidad pura y simple. Aquella que con solo cerrar nuestros ojos podiamos viajar al mundo de nunca jamás, “donde todo era posible" (aunque aun es posible). A ese mundo donde con solo una rueda hecha con la tapa de una lata de café y clavada al extremo de un viejo palo de escoba o “quizá nuevo” (¡ay ay ay! Si mamá nos descubría) nos disparaba corriendo con la sensación de estar manejando el automóvil más lujoso y veloz. Éramos felices en lo que podríamos decir: en una forma “barata”, quizá no teníamos dinero para comprar felicidad, mas... quién lo necesitaba, éramos felices porque el mundo y su oropel  aun no nos contaminaba. Jugábamos a ser adultos “grandes” sin saber que éramos felices por el solo hecho de ser niños. Hoy ya somos adultos y creemos que no podemos darnos ese lujo, ser felices... “barato”. 

A veces al caminar por la calle  me nace hacer una chiquillada; como la de saltar y chocar mis talones en el aire, tal como lo hacía Charles Chaplin, pero el hacerlo provoca que mis acompañantes espeten  una crítica de: ¿Cómo haces eso? ¡Pareces un loco! ¿Qué va a decir la gente?

Creo que cuando el Maestro Jesús dijo que debíamos ser como niños, se estaba refiriendo, además de ser puros y estar listos a aprender; al hecho de volar, de crear, de ser dichosos, de no ver maldad en el mundo, de mirar a la humanidad con “ojo sencillo” sin dobleces, con felicidad interna, “barata”, aquella que se compra con solo cerrar los ojos.

Siento que el parámetro que nos limita como adultos debe romperse de vez en cuando para dejar salir al niño en nosotros. Te invito a hacer  un ejercicio, a que recuerdes cuando jugabas a ser adulto pero ahora invirtiendo los factores; a jugar a ser niño; date la licencia; cierra los ojos y visualiza como el parámetro te rodea, extiende entonces enérgicamente tus brazos, rómpelo y haz una chiquillada... sé feliz, puro y simple, “barato”... Después me cuentas.

Miguel Corales