¿Quieres ser Sano?


En el principio Dios creo un hombre espiritual perfecto, y en su manifestación viviría en un cuerpo perfecto, un cuerpo pleno de vitalidad y energía, pleno del Espíritu… un Espíritu que estaría continuamente fluyendo para darle vida.
Son pocos los que pueden demostrar la totalidad de esa vitalidad a lo largo de nuestras vidas. Sentimos que a medida que los años pasan esa vitalidad se va agotando en una forma más temprana de lo que desearíamos; es como si tuviésemos una cuota limitada de ella, cuando la realidad no es la cantidad sino cómo la manejamos.  La persona más apática y cansada posee el potencial de vida en cada una de sus células, pero quizás no está permitiendo que esa vida fluya, se exprese, y lo que es peor aún, obstaculiza su natural y sano proceso regenerativo. 

La vida conlleva un continuo proceso de restauración, de curación, de sanación; es un principio omnipresente de salud que permea todo cuerpo viviente. Los científicos lo llaman el poder restaurador de la naturaleza. Cada persona puede usar este principio de acuerdo a su conciencia, puede mostrar un cuerpo saludable o puede producir condiciones de enfermedad y sufrimiento.

¿Qué produce las obstrucciones a este fluir natural de vida? Entre otras cosas podríamos nombrar a nuestro sistema de creencias. Creemos que el médico y las medicinas son los únicos que nos pueden devolvernos la salud, y olvidamos que el proceso debe comenzar desde adentro y no desde afuera. 

Cuando las células reciben información de debilidad, de incertidumbre, de temor, entonces su regeneración es cónsona y obedece a los patrones mentales que estamos viviendo. Aunque nuestro cuerpo está cambiando constantemente a nivel celular, lo seguimos alimentando con la misma vieja conciencia cargada de actitudes negativas, de pensamientos de impotencia, de temor, de error en la percepción de lo que realmente somos; creemos que las enfermedades son un designio infranqueable al que debemos combatirlo solo desde afuera.  
Cuando este viejo esquema mental y emocional no cambia, entonces vienen las enfermedades tempranas a demostrarnos que nuestra falacia no lo era tal.  

 “Transformaos con la renovación de vuestra mente”. Cambiar la vieja consciencia “vino nuevo en odres nuevas” 
Cuando alguien iba a Jesús por curación, Él le preguntaba: ¿Quieres ser sano? Con esto Jesús le estaba diciendo que no solo era necesario querer sanar, sino creer en la perfección de su cuerpo. “no peques más, no sea que algo peor te suceda”, nuestro pecado es no cambiar la vieja conciencia por una nueva conciencia de perfección, cambiar nuestro sistema de creencias y los patrones que proveemos a nuestras nuevas células.

¿Quieres ser sano? Si nos hacemos esa pregunta la respuesta es obvia; queremos ser sanos, pero, ¿queremos cambiar nuestro sistema de creencia? ¿Estamos dispuestos a cambiar los odres? Es necesario reconocer que fuimos creados perfectos y con el potencial de expresar esa perfección. La desarmonía en nuestro cuerpo viene cuando olvidamos lo que somos. 

Quizás el renacer, “tenéis que ser como niños” sea la repuesta asertiva a nuestro dilema; renacer sabiendo que siendo hijos de Dios nuestra vida puede responder al principio de  perfección con que fuimos creados, tan solo debemos creerlo o mejor dicho saberlo. Preguntémosle a nuestras células. ¿Quieren ser sanas? 

Daisy Corales