Abriendo Puertas

Puertas y ventanas son elementos importantes a la hora de mantener nuestra casa a salvo de cualquier intruso. Las puertas nos dan el poder de dejar afuera o adentro a quien deseemos rechazar o privilegiar con nuestra compañía. Por otra parte las ventanas nos permiten observar el mundo exterior desde un sitial seguro ante cualquier invasión indeseada. Cuando nos sentimos perseguidos o inseguros corremos a nuestra casa y tras cerrar la puerta recobramos la tranquilidad que por unos momentos sentimos perdida. Mas, es importante tener en cuenta que cuando cerramos puertas y ventanas estamos rompiendo también con cualquier tipo de comunicación con el mundo circundante, nos aislamos y esto está bien, bueno, si lo vemos desde un punto de vista en el que nos es necesario mantener nuestro espacio libre de contaminación.


Algo parecido sucede con nuestra vida interna; tenemos puertas y ventanas para defendernos de un mundo malvado que trata de contaminarnos, de eliminarnos. Mas, no nos percatamos que quizás nuestra casa interna ya se encuentra invadida por entes creados en nuestro mundo virtual: temores, inseguridad, arrogancia, complejos, odios, etc. Toda esta sarta de entes anidan en nuestros corazones y nos acostumbramos a vivir con ellos al punto de defenderlos y justificarlos. 

Vivimos con demasiados temores: temores de perder, de ganar, de cambiar, de partir, de alejarnos, de llegar, de quedarnos solos, de enamorarnos, de ser heridos, de recibir, de dar, de deber, de no poder, etc. (Quiero que hagamos una pausa antes de proseguir en cada uno de estos temores, no lo leamos a la ligera. Reconozcamos a cada uno de ellos, ¿cuánto de verdad y poder le hemos otorgado?) Con ellos hemos construido nuestro pasado, presente, y estamos haciendo el porvenir, nuestros sentimientos, nuestra vida. Sabemos que nos toma mucho tiempo el poder fabricar una forma de ser, de pensar, de existir, de protegernos del mundo o de atacarlo; es quizás por eso que tememos correr el riesgo de perder nuestra falsa identidad, es entonces cuando construimos una “muralla china”... con puertas insalvables.

Todo este caleidoscopio de inseguridad produce pensamientos acordes que nos muestran una senda oscura, que aunque con algunas luces entremezcladas; mal que mal podremos proyectar ante un mar que se nos antoja tormentoso y con inmensas olas.

Nuestros pensamientos se encuentran preñados de ideas preconcebidas que no aceptan un cambio de dirección. Ante cualquier discrepancia o cuando las acciones no toman el rumbo pre-establecido, cerramos puertas y ventanas prefiriendo dejarlo todo así, hacemos mutis por el foro pretendiendo olvidar. Consideramos que esto es mucho mejor que el permitirnos un nuevo rumbo, recuerdo a mi abuelo cuando decía: “yo me quiebro pero no me doblo”.


Pienso que cuando cerramos puertas y ventanas estamos rompiendo la última línea de comunicación. Un buen ejemplo son esas manidas frases que escuchamos en las telenovelas (por no decir en la vida real): No tienes nada que explicar, no me digas nada, no tenemos nada de qué hablar, todo está dicho con tu acción, si piensas eso... déjalo así o haz como tú quieras; Son un portazo terrible al deseo de comunicar, de aclarar, de entender y lo más interesante es que eso sucede no solo en las novelas, (¿quizás conozcamos a alguien que actúa así?)… Cuando el piso de seguridad tambalea cerramos la comunicación. ¿Ameritaría pensar que si las bases se mueven es porque no están realmente solidificadas? Pienso que si... cuando cerramos nuestras puertas es porque tememos que un viento pueda destruir nuestra casa, a nuestra verdad virtual que no acepta cambios. Cuando cerramos todo, el humo producido por la flama de nuestros propios temores nos puede hacer llorar, y hundirnos en penumbras, no permitiendo ver más allá de una realidad virtual temerosa, que no acepta ser realineada. Cerramos nuestras puertas y luego no sabemos por qué nos sentimos solitarios e incomprendidos. 

Si por el contrario abrimos puertas y ventanas para que circule el aire y porque no decirlo, también vendavales, es porque estamos dispuestos a rectificar, a entender, a unir fuerzas, a cambiar en el bien de una simbiosis sana y duradera. 

Un árbol que crece fuerte y robusto es porque sus raíces no se atuvieron a una idea pre-concebidas y pre-condicionada de cómo profundizar, ellas estuvieron dispuestas a abrirse y entender que si habían rocas, estas podían ser rodeadas, nunca pensaron: bueno no voy a seguir adelante, si esta roca quiere interponerse, no sé que hay debajo de ella, déjalo así, no quiero arriesgar, que sea como ella quiera. Por el contrario, si la roca después de un dialogo no se pudo apartar, la raíz cambió su intención de ir recto al agua y rodeó la roca, abrazándola, dándole entonces mayor sustento al alto tronco, y al mismo tiempo protegiendo a la misma roca de un lento desgaste, resguardándola y compartiendo el espacio en un abrazo perfecto. 

Antes de cerrar nuestras puertas y ventanas pensemos que lo más sano es abrir, por ahí saldrán los entes indeseables de temor y entraran nuevas formas de entendimiento, y el dialogo conformará la simbiosis de unidad, paz y prosperidad.

En este nuevo año que se avecina abramos puertas, y porque no... también ventanas.

Ministro Miguel Corales
Abriendo Puertas 
en un Nuevo Año