Madre...
Dios en Creación

Cuando vemos la naturaleza en todo su esplendor no nos percatamos que toda esa belleza y exuberancia se debe a una creación continua, creación que desde siempre ha estado en acción, que nunca ha cesado, porque si ese el día viviese estariamos ante el fin de del tiempo, cosa que es imposible porque Dios es eterno...
Dios nos regala cada día con nuevas y renovadas creaciones que engalanan nuestra vida, y en toda manifestación se encuentra su divina voluntad, fluyendo para que el plan eterno de continuidad y cambio no cese. A esa divinidad le hemos llamado madre naturaleza, que en toda su magificiencia tiene el poder de crear, de poner en acción la mano del Padre para dar vida y protegerla. La parte femenina de las flores producen el fruto que multiplica al árbol, la hembra de cada insecto, de cada animal asegura la descendencia y la pone a buen resguardo. Todas ellas lo hacen por un instinto divino, lo hace Dios en y a través de ellas. Mas, la reina, la manifestación divina por excelencia le pertenece a la madre mujer, que al hacer uso de su libre albedrío rompe con todos los parámetros y acentúa aún más el don de crear y proteger; dando tanto amor a cada vástago, que no me cabe duda, es el Dios mismo manifestado y actuando sin reservas para reflejar en cada madre y en cada hijo todo lo que Él es.
Podría parecer profano decir esto, mas, sé que cada madre y cada hijo así lo sienten.
La seguridad que sentimos bajo los brazos de nuestra madre no tiene comparación ni pueden ser substituida. Hemos visto a grandes hombres, fuertes, llenos de seguridad llamar a “mamá” en los momentos de flaqueza. 
Cuando ya nada puede ayudarnos viene a nosotros la palabra mágica: mamá, y podemos recordar cuando ella con solo mirarnos, o tocar con sus manos una dolencia, era suficiente para saber que Dios mismo estaba poniendo Su mano. Sabemos que ella es un ángel, que no importa la hora o el momento siempre está presta a socorrernos. Sabemos que ante ella siempre seremos sus niños y que su protección está con nosotros como el primer día en que fuimos concebidos en su vientre. Sabemos que no importa cómo o que hagamos, sus ojos divinos nunca verán pecado en nosotros. Su amor es por demás Amor, el único que se da sin esperar nada a cambio. Me reconforto al saber que aunque mi madre no se encuentra conmigo porque el Padre la llamó a su lado, su amor nunca cesará y que desde donde esté, me está mirando y protegiendo, porque para ella no hay tiempo ni espacio, solo sabe que es madre, y que si tiene un hijo es por toda la eternidad. Así son las madres: eternas como el Amor y nosotros los hijos, siempre sus hijos.
Gracias Dios por darnos la felicidad de hacer a las madres del mundo un instrumento de Tu paz, Amor y protección... gracias mamá, Dios en creación.

  Miguel Corales
  miguelcorales60@yahoo.com