Los Milagros

Los Milagros


¿Qué Esperamos de los Milagros? Pues que eso sean: ¡Milagros!
Esperamos malgastar inconscientemente todo nuestro dinero, y que por un milagro se multiplique, esperamos abusar sin compasión de nuestro cuerpo para sanarnos por un milagro; esperamos arriesgar nuestra vida y que por un milagro no nos pase nada, a veces afirmamos que no somos nada, que no servimos para nada, que la vida es un desastre pero que por un milagro todo se arreglará; esperamos conseguir un empleo pero somos tan orgullosos que a nadie le comentamos que estamos pasando necesidades y que por supuesto... un milagro lo resolverá todo.

Recuerdo el cuento aquel en el cual una mujer escudriñaba acuciosamente cada rincón de la calle. Buscaba en medio de la noche, justo debajo de un potente farol, las llaves para entrar a su casa; al verla de rodillas en el suelo; un transeúnte le preguntó preocupado ¿qué hace usted, le pasa algo? 
Tristemente  ella le respondió: Estoy buscando las llaves de la casa que se me perdieron; permítame ayudarle, ¿por dónde se le cayeron?  Bueno... con tono tristón le dice ella, se me cayeron  media cuadra atrás ¿cómo?¿Pero por qué las busca aquí? mirándole hacia arriba y con desenfado irónico, le explica:  elemental mi querido señor;  allá está muy oscuro y no se ve nada, aquí tengo bastante luz... elemental, ¿no le parece? E-le-men-tal.

Queremos que las cosas funcionen y hacemos lo imposible para que no sea así. Entonces nos preguntamos ¿para qué son los milagros? Pues la respuesta no podría ser más sencilla: “son el cumplimiento de la ley”, la Ley de Dios. No estamos hablando aquí de la ley que arbitrariamente y acomodaticiamente  inventa y maneja el hombre, una ley que varía de acuerdo a las circunstancias, el dinero, el estado, ciudad o país donde se pretenda hacer cumplir. Estamos hablando de la Ley-Dios, la Ley que no se puede transgredir, la Ley en la que intrínsecamente está basada la ley de causa y efecto.

Es de esperar que al estar acostumbrados a la ley del hombre pretendamos también acomodar la Ley-Dios, hacer que Dios haga sus excepciones de vez en cuando, sus milagritos, por así decirlo. Si fuese así estaríamos hablando de un dios creado a imagen y semejanza del hombre, y creo entender que la cosa es al revés.Dios es Bien absoluto y todo lo que hagamos redundará en bien, aunque a veces a nuestro entender tarda mucho manifestarse, y es porque  nuestro obcecado sistema de ver siempre solo lo que aparenta ser malo; atrasa en realizar el bien en nosotros y en lo que llamamos milagros. Si entendemos que Dios es el Bien absoluto, entenderemos que el cumplimiento de la ley estriba en ver ese Bien. Al ver un descalabro en nuestra vida o en la de los demás, sufrimos dolorosamente;


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y es porque estamos viendo el cumplimiento de la Ley, Ley que posiblemente aun no entendemos; si tiras piedras hacia arriba la ley se cumplirá y caerán... ya sabes donde.
 
Si has vivido afirmando negativamente, en estrés y en muchos etcéteras parecidos, tarde o temprano, milagrosamente la Ley se cumplirá. Hemos estado fabricando ladrillo a ladrillo una gran casa que podríamos llamar nuestra vida. En esta casa hemos puesto algunos ladrillos buenos y perfectos, otros defectuosos, torcidos, quebrados y aunque a veces algunos no han querido ajustarse los hemos empujado con todas nuestras fuerzas a fin de hacerlos caber. Pues... ¿qué crees? Nuestra edificación se tambaleará y es muy posible que llegue a derrumbarse. Es el cumplimiento de la ley, es el milagro en acción que te está diciendo que las cosas no van por lo que quieres, sino por lo que haces, como lo haces y que debes rectificar, bueno... según tu libre albedrío.

Ahora bien, creo que estamos algo molestos, teníamos entendido que los milagros solo serían cosas que no gustarían mucho, que nos sacarían del atolladero. Pues si, en los milagros o cumplimiento de la Ley tenemos el poder y la oportunidad de salir del embrollo.

La condición es ver el bien, sembrar el bien; un milagro requiere un cambio  de ciento ochenta grados en nuestra consciencia, entrar en el fluir de la Ley es lo que nos da la oportunidad de vivir el milagro. Jesús, el gran maestro, conocía la Ley y veía más allá de las apariencias, veía el bien en todo, veía a Dios-Bien en cada obstáculo. Provocaba que los demás vieran también la ley; motivaba a que en ellos despertara la fe; la fe de ver el bien, la fe de ver la Ley-Dios en acción; mas solo lo hacía en todos aquellos que así lo deseaban.   A tal punto era el cambio drástico que la fe generaba, que podían fabricar instantáneamente un edificio nuevo, pleno  de perfección... “Lázaro; levántate y anda” 

La pregunta que cabría ahora es: ¿Cuánto de Lázaro hay en nosotros? ¿Cuan muertos estamos a la verdad? ¿Deseas tú también levantar a tu Lázaro? ¿Deseas ver el cumplimiento de la Ley en el bien tuyo o prefieres ver ese cumplimiento de la Ley tirando piedras hacia arriba? Recuerda cuando Jesús decía: “Tu fe te ha salvado... ve y no peques más, no sea que algo peor te suceda” En otras palabras; La ley-Dios no es transgredible; has construido un nuevo edificio, perfecto, mas cuida de seguir así, no sea que el derrumbamiento sea aun mayor. Comencemos entonces a construir nuestra nueva edificación con ladrillos sólidos de verdad, sólidos de amor, compasión, positivismo y mantengámonos en esa tónica...

Ver y vivir los milagros o cumplimiento de Ley-Dios puede comenzar con cosas pequeñas, con pequeños ladrillos, comencemos ahora mismo con esta nueva tarea; fijándonos conscientemente en cada pieza que agreguemos a nuestra casa-vida. ¿Qué esperamos de los milagros? Bueno...  ¡no esperemos de los milagros... vivamos de acuerdo a ellos! 

Ministro Miguel Corales