Los Dones y el Destino


Siempre hemos pensados que estamos predestinados, que hay un destino por el que estamos obligados a surcar, tal como la haría un barco en el ancho mar, pero en nuestro caso, por un canal predeterminado, en el cual no se nos permite sortear ningún camino distinto.

Para los pensadores más acuciosos esto no tiene mucho sentido porque estaría en total contradicción con el libre albedrío, no obstante ello, y ante los vericuetos que nos muestra la vida solemos decir que son cosas del destino porque en el fondo pensamos que todo está escrito, que las cosas pasan porque tiene que pasar y cuando tienen que pasar, que estamos predestinados.


Hemos afirmado en uno que otro artículo que la única predestinación que existe, y es inquebrantable: es el que somos manifestaciones de nuestro Padre, y como tales, nuestro destino es ser perfectos como Él nos creó. A la pregunta de ¿cuánto tiempo sería necesario para manifestar esa perfección? Pienso que es el que decidamos tomar en el uso de nuestro libre albedrío, pues queramos o no, manifestaremos ese, nuestro destino.

Pensando en el destino como una meta, como un final, la explicación estaría dada, pero viéndolo desde otra arista, en la de qué haremos en el camino? podríamos afirmar sin temor a equivocarnos que hay algo más que debemos hacer en ésta expresión de vida, y esto sería necesario para construir nuestro ascenso a la perfección. 

Te has preguntado alguna vez ¿cuál es tu misión de vida, qué sentido tiene, por qué estamos aquí? Pues son interrogantes muy válidas a las que no has encontrado una respuesta válida que te satisfaga, mas, intuyes como la mariposa monarca que hay un viaje y un destino, por lo cual construyes y construyes “Torres de Babel”, que al caso son torres de papel, todo con el fin de dilucidar el enigma existencial. Además, has llegado a preguntarte a qué se debe esa ansia de buscar, de entender, como si algo te faltara, como sediento que anhela cualquier líquido con tal de calmar la sed, pero no la sacias, tan solo la mitigas temporalmente.


Cuando tratamos de aplacar nuestra sed con pequeñas misiones, con metas poco honestas con las que verdaderamente no comulgamos, o a sabiendas que no son lo que de verdad deseamos, estaremos adquiriendo experiencias de vida por la ruta más larga y a veces cruenta, no obstante, ellas nos llevarán en algún momento al encuentro con la verdadera misión por la cual decidimos estar en este planeta, aquí y ahora… 

La verdadera Misión, la grande, la que engloba a todas las demás, es aquella, que utilizando la parábola de Jesús, y haciendo una metáfora dentro de una metáfora nos dice: “El reino de los cielos también es semejante a un mercader que busca perlas finas, y al encontrar una perla de gran valor, fue y vendió todo lo que tenía y la compró”. La gran misión es aquella que encontraremos poniendo a prueba todos nuestros dones.
 Con ellos podremos buscar las mejores misiones, porque entre ellas se encuentra la que nos dará la respuesta a todas nuestras preguntas, porque en ella se encuentra la realización de nuestro paso por este planeta, la labor que nos hará felices en su cumplimiento, la que dejará un legado en lo intangible de nuestros congéneres.

El descubrimiento y cumplimento de nuestra gran misión es la mayor realización a la cual podemos aspirar, con ella podremos dar un salto cuántico en el crecimiento espiritual, y “lo que encontramos en el cielo recibe por antonomasia la añadidura prometida”. Descubramos el conjunto de dones recibidos, pues nos han sido dados para cumplir una misión muy específica y especial, reconozcamos que nuestros dones son como herramientas afinadas, calibradas y dispuestas a construir un destino. 

Cuando esto suceda veremos como la felicidad nos embarga y sabremos que nos encontramos en el ancho mar, buscando en nuestro libre albedrío; con el sextante, el timón y las velas precisas, a las perlas más finas, las mejores misiones, las que a su vez que nos llevarán al encuentro de la Perla única, con la que manifestaremos nuestra gran Misión en esta expresión de vida. El encontrar la razón de nuestra existencia nos dará la felicidad de entender, y de entendernos a nosotros mismos. 

La gran misión es unipersonal, todos tenemos una, y si somos sinceros con nosotros mismos lo más probable es que ya la conozcamos, es aquella que quiere brillar pero que por temor o desidia, por circunstancias personales o ajenas, o por el afán de postergar no le hemos dado la oportunidad de manifestarse a plenitud. Busquémosla en nuestro corazón, es la Perla más preciosa, el tesoro más grande, la que obtendremos con la suma acumulada de todas las perlas finas de nuestro navegar, ella nos llevará a cumplir nuestra predestinación: ser perfectos como Dios nos creó, a Su Imagen y semejanza.

Miguel Corlales
miguelcorales60@yahoo.com

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