Sabemos de alguien que le encanta tener herramientas, las almacena con cuidado o con desdén, pero eso sí, tiene muchas herramientas. Está claro que con esto pensamos inmediatamente en los hombres, mas las damas también coleccionan sus herramientas, estas pueden consistir en artículos para la cocina: pela-papas, cortadoras, ollas indestructibles, a presión etc. Podemos entonces afirmar que el ser humano es adicto a coleccionar. Es muy loable, sobre todo cuando podemos mostrar a nuestros amigos la hermosa colección que poseemos.

La pregunta obligada aquí sería: ¿Realmente hacemos uso de ellas? La mayoría de las veces no lo hacemos, las compramos y las mostramos a otros, pero rara vez las usamos. 

Lo mismo sucede con las enseñanzas que cada domingo nos entrega el ministro, sacerdote, pastor o líder espiritual de nuestra iglesia. Estas son herramientas para nuestro crecimiento espiritual y dimensional (con dimensional me refiero a esta expresión de vida como seres humanos) cuando las recibimos nos parecen maravillosas y pensamos: que lástima que fulanito y fulanita no estuvieron aquí para oír este mensaje, esto les habría venido como anillo al dedo, pero no importa, compraré la grabación del servicio, para regalarlo a aquellos que  en realidad si lo necesitan… ¿Hooolaaaa? ¿Hay alguien en casa?

Podemos sentir que el mundo nos agobia, que no hay salida, y sin dar uso a las herramientas que poseemos no atinamos a cambiar nuestra forma de comportarnos y sufrimos las circunstancias de nuestra desidia.

Tenemos en nuestro armario-mente una gran cantidad de herramientas maravillosas que quizás algún día las pusimos en práctica pero no las seguimos usando porque decidimos que eran muy buenas, pero para fulanito o fulanita, no para nosotros; no obstante estaremos listos para prestarlas cada vez que encontramos a alguien con una dolencia ya sea espiritual o dimensional. “Vemos la paja en el ojo ajeno y no podemos sentir la inmensa viga en el propio”. Empero, nuestro 
La Caja de Herramientas
consejo será siempre sincero, saldrá del corazón, trataremos de guiar a otros con las herramientas que subyacen en nosotros, y podríamos hasta molestarnos si vemos que no son capaces de usar tan magníficos consejos.

“Casa de herrero cuchillo de palo” reza el refrán. Sería interesante que nos dedicáramos a trabajar con todas esas herramientas que guardamos en nuestro armario-mente y hacer de nuestra vida espiritual y dimensional un verdadero emporio de prosperidad y felicidad. 

Nos sorprendería descubrir que además de las entregadas por los lideres espirituales, subyacen en nosotros herramientas que por su excelencia no hay duda que fueron entregadas por nuestro Padre creador; sin embargo, las llaves para abrir esa caja de tesoros está en nuestras manos y nadie puede hacer ese trabajo por nosotros. Es nuestro privilegio poder elegir: abrirla para nuestro uso o para mostrarlas orgullosamente a otros. Estoy seguro que tenemos la herramienta adecuada para cada ocasión, tan solo debemos orar, entrar al silencio, meditar y dejar que el Padre nos muestre la más adecuada.

Las herramientas almacenadas son una gran inversión, un tesoro incalculable, mas, su valor solo se manifestará en el momento de usarlas, de no hacerlo así, corremos el riesgo de que el óxido las corroa, que cuando las necesitemos no podamos encontrarlas ya que se habrán  perdido en las profundidades del tiempo y el olvido. 

Sé de alguien que tiene muchas herramientas guardadas... Si, soy yo. ¿Y tu?… ¿Tienes algunas?


Miguel Corales