Hacer la Diferencia


Estamos tan acostumbrados a no demostrar nuestras emociones de bien, a no dejar ver que podemos ser amables, amorosos, a no darle importancia a ser diferentes, que el salirnos de esa rutina se nos antoja poco menos que imposible, mas si le damos importancia a lo que nos dicta la moda; si la moda es llevar zapatos negros pues ahí vamos, son zapatos negros, si es ropa de color verde, pues que sean verdes. Por otra parte si la tónica es no desearle buenos días a un extraño porque nos preocupa lo que pensarán de nosotros, o no respetar una fila, o pasarnos una luz roja, total todos lo hacen; en resumen hacer y seguir haciendo lo que la raza o su conciencia nos indique y así vamos siguiendo a... a no sabemos quien. 

Atreverse a ser distinto, a hacer la diferencia es quizás el logro más interesante al que podríamos aspirar. La historia ha sido escrita por hombres y mujeres que en un momento dado hicieron algo distinto, rompieron parámetros para arriesgarse a proponer una nueva idea, a aclarar un concepto; seres humanos que se propusieron un reto iniciando una cruzada que marcó la diferencia en ellos y por ende en la humanidad. Podríamos enumerar cientos de estos seres privilegiados, mas hoy, quiero resaltar a un hombre que cambió el libro de la vida a tal punto, que habiendo actuado hace más de dos mil años aún hoy se le cita y se siguen sus enseñanzas como si estuviese presente; estamos hablando de Jesús, hijo de un carpintero que se atrevió a aclarar conceptos y a revelar otros tan revolucionarios y novedosos que hasta hoy nos cuesta entender y practicar, un ser que no se amedrentó ante la muerte en un patíbulo en forma de cruz, con tal de entregarnos pautas precisas para el establecimiento del cielo en la tierra, un ser que luego de despertar a la divinidad en El, hizo maravillas indicándonos que todos teníamos acceso a ellas y mucho más aún podríamos hacer... El Hizo la diferencia.

Hacer la diferencia mostrando grandes o pequeñas cosas, no es tan importante como el sentir que lo hacemos desde nuestro corazón.
Si lo que vemos es un desorden, mala educación, impertinencia, deshonestidad, egoísmo, crítica, etc.

Tenemos la opción de poder de elegir y hacer la diferencia en pequeños actos como ceder el paso, abrir una puerta, ser amable, regalar sonrisas, expresarnos bien de los demás, en una palabra cumplir con el Nuevo mandamiento, que aunque tiene más de dos mil años resuena en nuestros oídos con un poder y vigencia de eco eternal: Amar, Amar, Amar. Se dice fácilmente mas el realizarlo en conciencia es un reto, un reto al que todos podemos optar, amar y hacer la diferencia.

La humanidad  podría estar triste, mas si solo puedes consolar y hacer reír a un hermano, en él harás la diferencia. No nos desalentemos si sentimos que no podemos  salvar a todo el mundo, el amor es contagioso, hagamos la diferencia.
 
Les invito a continuar la gran cruzada que comenzó el Galileo, a escuchar al Maestro Jesús como susurra en nuestros oídos la mágica palabra, y actuando en función, regalemos sonrisas, amabilidad, cumplidos, reconozcamos las obras y favores con tanto afecto que deseen darnos más, hagamos del amor nuestro derrotero, nuestro estandarte, sintamos como nuestros corazones henchidos de emoción acompañan la gran cruzada de Jesús y estaremos entonces haciendo la diferencia en nosotros mismos, y por lo tanto haciendo la diferencia en cada alma que toquemos y estas a su vez a otras más... hasta contagiar a toda la humanidad. Atrévete  y haz la diferencia.

Miguel Corales

Regresar Arriba