La eterna búsqueda del hombre es el amor, la paz y la felicidad. No importa cuanto podamos disfrazarlas con el dinero, las  posesiones, las amistades, las relaciones amorosas; todo en definitiva las circunda y constantemente las persigue. 

En nuestra búsqueda es posible que nos quedemos atascados solamente en el dinero, porque pensamos que con él obtendremos lo demás, comenzamos a trabajar para conseguir todas las cosas que nos brinda el mundo virtual porque con ellas seremos felices. No se en que momento perdemos nuestro norte y se nos olvida el motivo por el cual comenzamos nuestra búsqueda; a tal punto que lo más importante es trabajar y trabajar y en nuestra amnesia no logramos la anhelada felicidad.

¿De dónde viene ese deseo innato de querer ser felices? Pues de nuestra Fuente, desde el comienzo, de Dios; ya que siendo la Paz, la Felicidad, el Amor conjugados en una misma energía, nos impulsa a reconocernos como sus hijos amados, y por ende a manifestar en cada uno de nosotros lo que es inherente a Su amada creación. 

Es justo decir entonces, que acompañando a esta eterna búsqueda también incluimos peticiones de ayuda a Dios, ya sea para nosotros o para nuestros seres queridos. Con este fin y en aumento, se está llevando una cruzada mundial de bendiciones. Hace muchos años, quizás ya perdido en el tiempo, en varias culturas les fue entregado a los niños la hermosa costumbre de pedir la bendición, el saludo y la despedida obligada se resumía solamente  a pedir la bendición, a lo que los padres respondían: “Dios te bendiga”. 

El deseo que siente una madre o un padre al momento de bendecir al ser querido no es otro que el  buscar la ayuda de Dios para envolver al hijo en protección, en amor, paz y felicidad. 
Hoy en día no es extraño oír a un presentador o locutor de los medios audiovisuales comenzar y terminar su programa con un “Dios les bendiga”. Me pregunto ahora: ¿Es acaso menester esperar que Dios nos bendiga? . Reconocemos que somos Su manifestación amada, felices, amorosos, gozosos y plenos de paz; si es así ... ya estamos bendecidos, nacemos bendecidos, somos bendecidos por el simple (aunque a veces un tanto complicado) hecho de ser hijos amados de un Padre amoroso que le plació darnos Su reino. Entonces al decir: “Dios te bendiga” no debe ser una esperanza, una petición a futuro, un ruego a Dios para que se apiade y nos bendiga; debe ser un recordatorio, un llamado de atención, al hecho de que "ya" somos bendecidos, que siempre lo hemos sido, que si hemos andado en valle de sombras es por que en esos momentos nos hemos olvidados de nuestras raíces divinas. Si reconocemos esto podemos entonces cambiar la afirmación de “Dios te bendiga” por “Dios te bendice” ya que es un hecho que somos bendecidos. 

Les invito entonces a que empecemos a hacer la nueva cruzada, la diferencia, a recordarnos y recordarles a los demás que “ya” son bendecidos, que todos lo somos. Que los que son felices, gozosos, amorosos y plenos de paz, lo son por que ya saben que son bendecidos, ya se dieron cuenta de ello, y que los que no lo son, es por que probablemente no se han percatado que Dios ya les bendijo desde el principio de la creación, que solo en el momento de despertar a la consciencia de  “bendición” y solo entonces, comenzarán a vivir felices y  plenos de paz. 

Recordemos  entonces que está en nuestras conciencias el hecho de reconocer, de saber, de darnos cuenta que ya somos bendecidos y que no debemos esperar a serlo algún día.  Con esta verdad como estandarte, nuestra felicidad, amor y paz están garantizados. 

Por mi parte les digo que yo ya me di cuenta; descubrí el secreto de la felicidad, "soy bendicido", soy amor, paz y felicidad, por lo tanto, afirmando les recuerdo: “Dios les bendice”

 Miguel Corales


   El Secreto 
de La Felicidad