¿Dónde está Dios?
                        Segunda Parte

                                    La tierra tiembla, reina el caos y todos corren despavoridos en busca de refugio, pasado el momento quedan como sonámbulos, desorientados y entre gritos desesperados y  sollozos ahogados buscan a sus seres queridos, abrazan a los que encuentran y continúan gritando  en busca de los que no pueden ver. Es un cuadro desgarrador donde nos damos cuenta que nuestro engrandecido ego es solo una burbuja de jabón que explota dejando un gran vacío.Vemos cómo las cosas materiales  por las cuales hemos luchado a brazo partido, las que nos mantenían tan ocupados que no nos dejaban pasar un tiempo de calidad con los nuestros, las más importantes hasta ese momento, por las que nos sentíamos seguros y orgullosos... pues han desaparecido de un plumazo dado por la madre tierra.
Son momentos en que nuestra escala de valores cambia y nunca más será la misma, momentos en que entendemos que la búsqueda del reino de los cielos es lo importante y que la añadidura es secundaria, que vendrá a nosotros cuando vivamos en conciencia  del bien absoluto que es Dios 

Es entonces cuando alguien se nos acerca para darnos ayuda, quizás un vecino que nunca saludamos, mas, nos invita a estar juntos en su casa ya que tuvo la suerte de que no cayera en el sismo. Vemos a otros ofreciendo su agua a los sedientos menos afortunados. Vemos a héroes anónimos que arriesgan su vida por salvar a otros. 

Esta es la historia de uno de ellos, un pescador, que despertando a la “divinidad angelical” salvó a más de sesenta personas que habían quedado atrapadas en una pequeña isla, sesenta personas que sin lugar a dudas dejarían este plano de vida con el paso del tsunami que se avecinaba, 60 amigos desconocidos que debían estar más tiempo junto a los suyos para seguir creciendo, aprendiendo o enseñando. Otros pescadores también entraron en la acción, y lucharon contra la fuerte corriente de un encrespado mar que se preparaba a entregar a la más grande de la olas; entre ellos el hijo de nuestro héroe, quien también ayudó en el salvamento, nos  cuenta la historia. 

Comienza al decirnos que su papá había quedando en medio de las olas, se le quiebra la voz, y haciendo un esfuerzo continúa la narración diciendo que quizás Dios se lo había llevado en forma apresurada, pero que a cambio le había dejado a él como  testigo de la hazaña, testigo del milagro que su padre había sido encomendado a realizar.  

¿Dónde está Dios? Decíamos en nuestro artículo anterior "que estaba y era en todo", incluyendo a cada uno de nosotros. Pues es así, son muchas las veces en que podemos ser testigos de Su presencia; como cuando despierta la “divinidad angelical” en los seres humanos y realizan actos heroicos. Son innumerables las veces que les vemos manifestándose como ángeles, haciendo pequeñas o grandes cosas. El despertar angelical  puede ocurrir en cualquier instante, como: cuando nos sentimos perdidos, ofuscados, y un ángel nos muestra el camino, cuando estamos en un apuro y alguien, un desconocido, nos tiende la mano, cuando nos sentimos cansados, agobiados y un ángel nos dice lo bien que nos vemos o nos cede su puesto  una  fila. Ángeles que nos hacen agradecer, que nos hacen ver la cara de Dios. Constantemente podemos ser testigos del  movimiento de los ángeles.

Es tiempo ahora de comenzar a despertar a la “divinidad angelical” y ser nosotros mismos ángeles de buenas nuevas, ángeles que fluyen en bien, que con nuestro ejemplo contagiemos a otros y así podremos establecer el cielo en conciencia; que ya es entre nosotros. Ángeles que respondiendo a la pregunta  ¿Dónde está Dios?... puedan decir: Esta siempre presente,  amándonos. 
Dios también Es en los ángeles, solo que ellos ya lo viven, ya lo saben... ¿y nosotros...?.

Miguel Corales


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