Muchas veces hemos tomado decisiones en las que por una u otra razón, nos sentimos arrepentidos, sobre todo si la decisión fue hecha bajo una gran presión; quizás en la obscuridad de la noche, la penumbra de una situación, viviendo en medio de un gran dolor, de rabia, de desesperanza.  Evidentemente estos no son los momentos idóneos para decidir; mas, si aun así lo hacemos, con seguridad no tendremos una visión clara de todos los ángulos que nos acongojan y estaremos decidiendo a ciegas, guiados solo por un sentimiento de tristeza, de venganza, desesperación, de impotencia o de gran dolor. 

Las estadísticas nos muestran que por las noches los hospitales llenan sus salas de emergencia debido a que los dolores se acrecientan en la obscuridad. Cuántas veces hemos estado ocupados durante el día soportando un dolor que podemos manejar, que aunque no es más fuerte que nosotros se acrecienta de tal manera cuando llega la noche que no nos deja conciliar el sueño, y si logramos dormir nos despertaremos de un sobresalto, sintiendo como todo lo que aparentemente estábamos manejando se convierte en un monstruo de dimensiones insospechadas e inmanejables; y estaremos así hasta que llegue la luz de la mañana.

Hay una historia que cuenta que pasado el otoño, cuando los árboles ya estaban desnudos de su follaje,  preparados para el frío invierno; llegaron a la montaña un grupo de excursionistas decididos a hacer una cabaña de descanso. Vieron entonces muchos árboles que estaban secos y se apresuraron a cortarlos para construir la casa. Todos ellos se habían propuesto hacer las cosas bien, respetando la ecología y el ambiente; no cortarían ni un solo árbol que estuviese vivo, solo los secos. Derribaron muchos ejemplares e hicieron un gran refugio con su correspondiente fogata, mas, cuando llegó la primavera se percataron de unos tímidos brotes que nacían de los tocones que habían quedado. Fue así como tristemente entendieron que los árboles derrumbados no estaban secos, que la muestra de incipiente vida de las nuevas y pequeñas hojas gritaban el dolor del que otrora fuese un poderoso y viejo gigante.


Continuando con esta metáfora podemos concluir que si tomamos una decisión en un gélido invierno de nuestra vida, en momentos en que todo parece congelarse, cuando sentimos que no hay luz en el camino, corremos el riesgo de cortar la vida que nos alimentará en la primavera.Es posible que momentáneamente nos sintamos aliviados de la pesada carga, mas  pronto entenderemos que el remedio fue efímero. En nuestro apuro por resolver una situación podemos truncar sueños, anhelos y hasta otras vidas para medio salvar la nuestra, y luego al llegar la primavera nos daremos cuenta que el remedio fue quizás peor que la enfermedad.

Las medidas tomadas en momentos de intensa sensación de separación de la Esencia Divina darán resultados equívocos. Esperemos a que la calma se establezca, que nuestros corazones se aquieten, que veamos en el árbol desnudo el Orden Divino, que veamos su tronco pleno de vida, y aunque quizás se nos muestre en penumbra, esperemos que llegue la primavera, a la que seguirá el soleado verano lleno de luz y sabiduría. Hagamos un recuento, un inventario de las causas que produjeron los efectos no deseados y reconozcamos entonces cuales son los males que debemos cortar. Tomemos las decisiones solo en momentos de luz, de serenidad, cuando reine el amor y no cuando el frío o el dolor nos obliguen a hacerlo.

En el dolor del invierno, cuando el frio nos aterra, es quizás el momento propicio para buscar en nuestro interior la Luz eterna de amor y sabiduría que es Dios. Busquemos la Guía Divina, “la sabia”, que por una apariencia no vemos fluir. No cortemos el árbol negándole así dar a luz a millones de nuevos brotes, que alimentados por esa “Sabia nos mostrará el camino de la nueva vida. Esperemos sabiendo que el eterno renacer de la primavera nos traerá nuevos retoños y luz a la aparente obscuridad que nos agobia, esperemos solo un poco más y tomemos las decisiones en el despertar de nuestra conciencia, en el despertar de la primavera...tomemos decisiones... mas, que sean solo en Primavera.

Miguel Corales

Para acceder a otros artículos presiona aquí
Decisiones 
en Primavera