De Quién es la Culpa?

                        El ser humano se encuentra a veces lleno ataduras y carencias que no le permiten caminar libremente por la vida. Sentimos que la humanidad nos debe algo, guardamos recuerdos siniestros de dolor de cuando éramos niños, recuerdos que aun siguen haciendo eco en nuestra mente; que como tal continúa repitiéndose y la humanidad nos sigue hiriendo. Con eso nos justificamos nuestra actuación de perdedores, dejándonos saber a modo de mantra “Yo soy así por que nací en un estrato pobre”, ¿Qué más puedes esperar de mí? con los padres que tuve, o el eterno lamento del sí condicional: Si me hubiesen dejado hacer esto a aquello mi vida sería muy distinta ahora. O el consabido “yo no tuve la culpa fue él o ella quien me empujó a hacerlo” Repetimos entonces a Génesis; cuando Adán justifica su acción echándole la culpa a Eva y ésta a su vez a la serpiente.

Estoy herido, estoy sufriendo porque tú me hiciste algo, estoy mal porque tú me despreciaste, estoy enfermo del alma porque tú me enfermaste, yo no tengo la culpa, y levantamos el dedo acusador para tratar de liberarnos, pero solo conseguimos atarnos más. Estas frases que tienen mucho poder a la hora de analizar una situación que nos ha sido dolorosa… mucho poder, pero no para reparar, sino para destruir un poco más de lo que quede de la estropeada autoestima. Cuando radicamos toda falta en cualquier cosa, persona o circunstancia que no seamos nosotros mismos, estamos decretando que todos nuestros males se eliminarían si lo externo dejara de atacarnos, es decir todo el poder de nuestra sanidad existencial no descansa en nosotros.Es triste reconocer que no tenemos valía si no la recibimos de alguien, que ni siquiera somos nosotros los que nos imponemos los parámetros, que somos manejados por el mundo y nos desgastamos culpándolo, como si al hacer a otros responsables nos diera la facultad de sanarnos. 

Si estamos esperando que el mundo deje de “enfermarnos” para ser sanos, lo hacemos tomando el camino más largo y cruento, ahora si queremos ser proactivos y no reactivos en esto, es hora de empezar nuestra propia sanación. No pretendamos reparar una ropa rasgada buscando al culpable, es algo desgastante, mas, si nos abocamos a repararla nosotros mismos tendremos en nuestras manos un nuevo parámetro, manejable, moldeable con el que finalmente lograremos la liberación. 

Si fuimos ofendidos cuando éramos niños, adolescentes, adultos o aun el mundo lo sigue haciendo y no hemos reparado los daños sufridos, es hora de decir ¡no!, de negarles poder, porque en realidad no lo tienen, pertenecen a un pasado que se quedó ahí, en el pasado y no es bueno vivir con ellos si no nos traen sanidad. A veces lo que hacemos es huir de la escena, sin saber que los hechos nos afectarán eternamente hasta que les quitemos el poder. Vuelve a tu interior, busca si estas huyendo, ¿de qué, adónde y por qué? y sabrás que nada tenía valor suficiente como para enfermar el alma.

Para ser sano debemos reconocer el poder innato que es en cada uno de nosotros, poder del Padre que está por encima de cualquier parámetro limitante, poder de liberación que nos da la oportunidad de sanar cualquier dolencia, de perdonarnos y perdonar, de ver un nuevo amanecer sin ataduras ni carencias. Todo acto conlleva un perfil diferente para cada ser humano, eres tu quien puede decidir qué lado quieres aceptar de él, que lado te hace bien, qué lado te ayudará a crecer, qué lado está en tus manos. 
Somos sanos por herencia, manifestemos la Verdad, está en nuestras manos, no permitas que otros la manejen. Enterremos la reactividad y seamos proactivos en la vida, soltemos las ataduras, la carencia y seremos triunfadores, prósperos, y por ende sanos.

Miguel Corlales
miguelcorales60@yahoo.com