Metáforas
Creencias y Conductas

Tenemos conductas en el diario vivir que desearíamos ver desaparecer, sacaríamos de nuestra vida los temores, la agresividad, el colocarnos siempre a la defensiva, el ser demasiado influenciable, etc. Tememos herir o ser heridos, nos falta entereza para tomar una decisión, de solo pensarlo nos aterra que el resultado pueda producirnos  un sentimiento de culpa, o ser afectados en tal manera que deseemos  no haber nacido. Con esta conducta nos quedamos congelados por años en un círculo vicioso sin tomar una determinación. A veces nos comportamos agresivamente ante circunstancias que si las analizamos fríamente no tienen razón de ser. Vemos en el mundo circundante una confabulación para atacarnos, para hacer desmedro de lo que decimos o hacemos, esto nos empuja a pegar primero, y sin pensarlo, instintivamente aplicamos aquello de que la mejor defensa es el ataque, ¿es acaso esto un poco de aquel hidalgo caballero que se dio a la tarea de atacar a los molinos de viento?, Nosotros temiendo ser conquistados y penetrados en nuestros sentimientos nos obligamos a empuñar la espada e iniciar una conquista por demás estéril. Bueno... no del todo ya que, al hacerlo  multiplicamos estas  conductas indeseables.       ¿O es quizá la conducta temerosa de no querer quedar mal, de complacer para ser aceptado, la que nos conduce a sustentarnos en tablas movedizas, las cuales iremos cambiando a medida que las influencias externas nos vapuleen como veletas?

Ataque o defensa, temor a ser calificado, cobardía, sub-estimación, complejos, etc. cualquiera que sea el comportamiento indeseado que nos atrape, es algo en lo que  conscientemente podríamos trabajar para desecharlo. Es posible que ya lo hayamos hecho, mas hemos encontrado que nuestro esfuerzo a sido inútil, que ha sido como hundir una pelota de ping-pong en el agua, no importa cuan profundo lo hagamos invariablemente esta volverá a aparecer en la superficie.

¿Por qué sucede esto? Creo que el problema estriba en nuestro sistema de creencias. No importa cuanto quiera ocultar mi temor a no ser bien calificado, si en el fondo creo que soy poca cosa, no importa cuanto quiera disimular que no me importa que me ataquen, si en el fondo creo que soy muy vulnerable, no importa cuanto trabaje en demostrar que soy una persona de decisiones firmes, si en el fondo creo que todos tienen la razón… menos yo. Porque, ¿qué más puedo esperar? si creo que no tengo, creo que no soy capaz, creo que no merezco. Creo en tantas cosas que no me traen prosperidad, ni salud ni paz, que ahora sí creo que ha llegado el momento de cambiar el sistema de creencias. 

Cuando mis  hijos eran pequeños pensé que era buena idea que recibieran clases de judo, cuando fui a consultar sobre las posibilidades de hacerlo, el instructor (Sensei)  me explicó las ventajas de ese arte marcial, y entre las cosas que más llamó miatención fue que la práctica  de esta disciplina les daría seguridad en sí mismos, serenidad y aplomo en la vida; no pude menos que estar convencido ante el horizonte que vislumbré para mis hijos.

Mientras les acompañaba a las clases pude observar las diferencias en el comportamiento de los demás alumnos; los novatos de cinturón verde demostraban una gran agresividad, acompañada con gestos de superioridad, me recordaban a perros ladrando por el temor de ser violentados en su habitat. A medida que observaba los niveles más altos veía como la paz y seguridad asomaban en sus conductas, me fijé entonces en los cinturón negro; había en ellos una serena calma, respetaban e inspiraban amor y respeto. Tiempo después tuve la oportunidad de ver como uno de ellos no pudo ser provocado a pelear; ante insultos y vejaciones, él solo respondía que debía reinar la armonía y la paz…no tardó mucho en lograr su propósito y todo acabó sin nada que lamentar. Esto quedó grabado en mi mente pero aún más, la cara que puso el provocador cuando le dije que su encuentro había sido con un Cinturón Negro... cuarto dan de kárate. Este pacifista creía realmente en su poder, sabía que era en él, por lo tanto no requería de alardes ni hacer demostraciones de ello. Esta metáfora  nos puede mostrar lo importante de creer y saber lo que somos, por que lo que creemos eso manifestamos, no es aparentar, pretender o disimular.

Cambiar nuestro sistema de creencias es el trabajo al que podemos abocarnos si queremos cambiar nuestras conductas. Saber en que creemos, y si encontramos que lo hacemos en ídolos con pies de barro, es el momento de darnos cuenta y comenzar a creer y saber lo que realmente somos. La paz, el entendimiento, el triunfo en todo lo que hagamos o toquemos  es la clave de la seguridad, Jesús así lo demostró. Creer y saber que somos mucho más que un Cinturón Negro, creer y saber que somos mucho más de lo que mente humana pueda concebir, saber que somos hijos de Dios, manifestaciones de Su Idea Divina, imagen y semejanza, creer y saber que Le plació darnos el reino, creer y hacer nuestras las palabras del Maestro: “Si puedes creer, al que cree todo le es posible” (Marco 9:23) “Ve y como creíste, te sea hecho” (Mateo 8:13) “ No temas; cree solamente y será salva” (Lucas 8:50)

La potestad de creer es nuestra, usémosla entonces en creer en el bien, el amor, la paz, la prosperidad, etc. Cambiemos nuestras creencias erróneas, heredadas de la conciencia de la raza; productoras de comportamientos indeseables, por las que son de vida, vida de Dios. “El que cree en Mí, como dice la escritura, de su interior correrán ríos de agua viva.” (Juan 7:38.

Miguel Corales