Todo en el universo está                                   supeditado a cambios,                                  para el ser humano algunos son imperceptibles mientras otros nos mueven el piso, no obstante tendemos a ser reacios a ellos. Nos acostumbramos tanto a lo que hacemos y tenemos que nos cuesta mucho aceptar lo nuevo, aceptar que el mundo evoluciona y queramos o no, somos el mundo, por lo tanto también cambiamos y evolucionamos. 

Los parámetros en que vivimos aunque no sean los más deseables son a los que nos acogemos y nos da pavor salirnos de ellos. ¿Cambiar de trabajo, de casa, de país, de manera de pensar, de evaluar? Esto es duro, son pocos los que se atreven a dar un giro de ciento ochenta grados e iniciar un cambio. La mayoría de las veces nos preocupamos tanto por los cambios a que somos o seremos sometidos que no nos percatemos de que ya estos han llegado y seguimos anclados a viejos parámetros que no nos permiten ver el nuevo mundo.

Sabiendo que todo se renueva, es necesario estar alerta porque se avecinan cambios a gran escala, seremos testigos de un nuevo mundo, de un nuevo amanecer que hará que la humanidad sienta que el reino de los cielos se ha establecido.

Observemos la naturaleza, cuando el otoño llega los árboles se preparan para el frío invierno, se despojan de su follaje, con las hojas en el suelo forman un colchón para que el frío no penetre la tierra y con sus ramas ya desnudas, impiden la congelación de la sabia al no estar circulando por la fina capa de sus hojas. Esto es preparación al cambio. Si, y esto es lo que necesitamos hacer, no asustarnos sino prepararnos para ellos.
¿Se imaginan un árbol que esté temeroso de soltar sus hojas? ¿Que esté preocupado por el frío invierno que se avecina?

¿que piense que sus hojas son tan valiosas que no quiere perderlas? ¿que no quiere quedar desnudo? Porque ¿qué dirá la gente del bosque?. Pues a este árbol se le congelará la sabia, el cambio le tomará sin estar preparado y sufrirá las consecuencias.

Entonces preparémonos; abramos nuestras conciencias, rompamos con los parámetros establecidos de inseguridad, de posesiones virtuales, valores virtuales que si nos han servido hasta el momento ya es tiempo de llevarlos a la realidad de crecimiento y cambios en Dios. Sublimemos las almas, llenémosno de amor, meditemos y entremos a la nueva consciencia: livianos, sin cargas de temores, hagámoslo triunfantes en la seguridad de que el bien absoluto se ha establecido y todo cambio viene para bien, no importa cúanto tiempo hayamos vivido en una consciencia limitada pr la preocupación.

Preparémonos, no sea que llegue el invierno y quedemos inmóviles ante un frío que no entenderemos y no podremos manejar. Aceptemos los cambios como parte indispensable de nuestro crecimiento, tanto espiritual como sensorial y dimensional.

Cambiar es renacer a la vida. ¿Estás preparado?...¿No? pues a prepararnos.


Miguel Corales

Unity Latinoamericano
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