Unity Latinoamericano
 Cristianismo Progresivo
¿Quién Eres?

Erase una vez, cuando nacimos que llegamos en un estado de conciencia totalmente alerta, virgen, natural. Al tiempo que la sociedad y eventos significativos nos fueron condicionando, nuestro ego creció convirtiéndose en fuerza dominante, separándonos de nosotros mismos, de nuestra verdadera esencia y de nuestra propia divinidad. El ego nos ha robado las riquezas de nuestra vida presente filtrándolo todo, juzgando a todos y comparándonos con todos, de las luchas de poder con otros, y el poder que le damos a nuestras carencias con su constante susurro diciéndonos lo que no somos y lo que no llegaremos a ser.

Nuestro cerebro procesa 400 billones de bits de información por segundo, pero nosotros sólo somos conscientes de apenas 2000 bits de información por segundo y desafortunadamente en dicha capacidad ya diminuta, nos enfocamos en sólo tres dimensiones de nuestra realidad: cuerpo, entorno y tiempo. Todavía más desafortunado es que para cada una de estas dimensiones, nuestra mente alimenta mayoritariamente información negativa. El continuo juicio crítico hacia nuestro cuerpo lo hacemos repitiendo mentalmente frases como: “estoy gordo (a)”, Tampoco estamos satisfechos con nuestro entorno cuando menospreciamos el que tenemos, fijándonos en las carencias y anhelando ese perfecto y feliz que se nos vende comercialmente. Y para cerrar el círculo vicioso, vivimos contra el tiempo, lo queremos hacer todo, tener todo y ser enteramente felices, pero ya, mientras más rápido, mejor.

Nos pasa lo que le pasaba a una señora que vivía adicta de la crítica negativa hacia los demás. “Justo al frente de su apartamento se mudaron unos recién casados. No demoró en comenzar su ritual cuándo una mañana vio que la joven esposa estaba colgando unas sabanas que había lavado.”¡Qué sabanas tan sucias! pensó… "Necesita comprar otro tipo de detergente, yo debería enseñarle cómo lavar. Cada dos días repetía el ritual mientras veía a su vecina colgar, las ropas según ella, mal lavadas y percudidas. Pasado un mes, la señora vio con sorpresa que su vecina estaba colgando unas sabanas blancas, resplandecientes y pulcras. Ella exclamo a su esposo: ¡Mira, finalmente aprendió a lavar ropa! ¿Me pregunto quién le habrá enseñado?, a lo que el marido que estaba ahí le replicó: bueno, en realidad, mi amor, la única diferencia es que esta mañana me levanté más temprano y limpié todas nuestras ventanas.

Vivimos nuestra vida mirando por ventanas manchadas por creencias incorrectas, y nublada por las falsas percepciones y juicios errados que nos formulamos y les formulamos a los demás. 


“Lo que pase dentro de nosotros determina lo que sucede fuera de nosotros” y sabemos que allí, en nuestro interior, libramos las más duras batallas para entender y aceptar nuestras realidades pero desconocemos irresponsablemente o no aceptamos egoístamente que también desde nuestro interior podemos construir la vida feliz que soñamos.

¿Pero y quiénes somos realmente? Es la pregunta que todos nos hemos hecho y el responderla puede no ser fácil o puede no gustarnos. El sentir y saber que hay “algo más” que la manifestación de nuestro ser físico evidencia nuestra verdadera esencia e identidad como seres totalmente sensoriales y a partir de lo que sentimos, como seres espirituales viviendo una experiencia humana. Por desgracia, son las experiencias humanas, las propias y de otros, las que nos circunscriben a entornos que no corresponden a nuestro propósito cómo seres espirituales.

El alma desea ser comprensiva, nuestro ego solamente está interesado en ser comprendido. Cuando somos comprensivos estamos conectados con el alma y es aquí, dónde puedes descubrir en toda su esencia el quién eres y el para que estas aquí. Eres la máxima expresión del poder y Sabiduría-Dios, eres un ser espiritual viviendo una expresión de vida. Tu riqueza, todo el bien absoluto que es Dios y que ya te fue entregado lo tienes en ti y no afuera, distante o imposible de alcanzar. 

Solo hay una persona como tú, con distinciones físicas y emocionales únicas. Y tú tienes la capacidad de controlar lo que piensas y por ende lo que sientas, tienes el poder para establecer el grado de prosperidad que quieras para tu vida, la cual puedes alimentar a partir del pilar más esencial de tu ser espiritual, la fe absoluta de que nuestro Padre ya te entregó todo lo necesario para ser la persona sana, próspera y feliz que El quiere que seas.

Pueda ser que para el mundo sólo seas una persona más, pero para una persona en especial eres todo su mundo y esa persona... ¡eres tú! 

Jorge Mauricio Parra